El ETERNO pide a los hijos de Yisrael oro, plata y cobre para la construcción del Mikdash (Shemot/EXODO 25:1-8), una casa para habitar entre ellos (nosotros), una casa donde lleguemos al quebrantamiento y asi tener una relación con EL.

  EL, nuestro ELOHÍM, nosotros su pueblo, su especial tesoro; una casa donde su esplendor descienda como una corona.

  En el Nuevo Pacto, en 2ª de Corintios 6.16 dice:¿ Y que concierne el Mikdash de  ELOHÍM con los ídolos? , porque ustedes son el Mikdash del ELOHÍM viviente, como ELOHÍM  habitaré (veshajanti) y andaré en ellos, y seré el ELOHÍM de ellos y ellos serán Mi Pueblo. Por tanto, nos pide salir de toda forma de idolatría para ser sus hijos (as).

   Conforme el mundo, las costumbres y la ideología imperante, esto requiere de esfuerzo y sacrificio; y es por medio del esfuerzo consciente y la búsqueda constante  que el hombre llegará a utilizar adecuadamente sus capacidades individuales, y la tranformación para bien, tanto de sus cualidades espirituales como sus instintos naturales. Para esto debemos conocer las fuerzas interiores del ser ( alma), para poderlas perfeccionar  y así acercarnos al Creador.

   La perfección y la liberación espiritual sólo las alcanzamos cuando reconocemos al ETERNO como nuestro ELOHÍM, depositando en EL nuestra confianza (Bitajón) en dependencia de EL , tener una vida de tefiláh (oración) y comunión con EL, pues la tefiláh sustituye los sacrificios, ya que un servicio Divino erróneo es equivalente a ofrecer sacrificio en los lugares altos que ADONAY prohíbe.

   Así nuestro esfuerzo (Hishtadlut) , la parte que nos corresponde hacer a nosotros acompañado de nuestra confianza o bitajón  en EL, harán que El ETERNO haga su obra transformadora en nosotros desde dentro, desde la raíz que es nuestro corazón donde está el mal fruto que hay que quitar, las malas obras de nuestra vida. En Mordejai/Marcos 7:21-22 está escrito: Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones, robo, homicidios, adulterios, avaricias, maldades, engaños, sensualidad, envidia, calumnias, orgullo e insensatez. Todas estas maldades de adentro salen y contaminan al hombre.

   Así que, para preparar nuestro cuerpo para ser el Mikdash  del ETERNO , es necesaria esa transformación redentora  de nuestro ser, que alcance ese nivel de pureza del oro, pagar el precio (plata) que es el sacrificio de anular el ego (cobre), poniendo nuestra confianza (bitajón) en EL, dependiendo de EL, esforzándonos (hishtadlut) en dicha transformación y así convertirnos en los  hijos (as)  que EL quiere y necesita para extender su Reino.

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