“E hizo al lavatorio de cobre y a su basa de cobre, con los espejos de las legiones (de las mujeres) que desfilaron a la Tienda del Encuentro” (Shemot 38: 8).

Explica Rashí: estos espejos eran los que las mujeres usaban para reflejarse cuando se embellecían, y aunque eran muy preciados para ellas, no titubearon en llevarlos para el Mikdash. Sin embargo, Moshéh los desprecio, ya que eran utilizados para alimentar la vanidad. Le dijo al respecto YHVH: ¡Recíbelos! Pues ellos son muy preciados para Mí, porque salvaron a los hombres del pueblo de Yisrael en Egipto. Es decir, cuando los hombres llegaban a casa después de un día de trabajos forzados, las mujeres les preparaban comida y bebida; después tomaban el espejo y lo ponían frente a la cara del esposo diciéndole: ¿Quién se ve mejor, tu o yo?. Estas palabras de cariño y acercamiento despertaban la pasión en el marido. De esta unión las mujeres quedaban embarazadas y daban a luz, como esta escrito en Shir HaShirim: “…bajo el manzano te desperté”.

Moshéh despreció los espejos pero para YHVH eran lo mas querido. Hay cosas que son desagradables para el ojo humano, aunque para YHVH son muy preciadas. Loas cosas no se juzgan por como se ven; “YHVH quiere el corazón”.

La Toráh atestigua que el suceso en el cual Tamar se detuvo en el cruce del camino aparentando ser una prostituta, fue un acto realizado con una intención pura, fue un hecho deseado por YHVH, a tal grado que por medio de esta relación nace el linaje de nuestro redentor (YESHÚA HAMASHÍAJ).

YHVH desea el corazón, la intención pura que la persona infunde en el hecho, y no necesariamente el hecho en si. La categoría y la grandeza de los hechos son medidas de acuerdo con la calidad de la intención.

Hay hechos que se ven grandes por fuera, pero carecen de calidad interior; y hay hechos que se ven groseros, pero que en realidad son de una muy alta calidad.

El trabajo espiritual de la persona se encuentra principalmente en el corazón. YHVH quiere que pongamos una buena intención en los hechos y no que los realicemos sin intención pura. Este es el concepto de trabajo del corazón (Lev).

Algo parecido esta escrito en Shemot 35: 27 acerca de los Nesiím, los Lideres, los Presidentes de las Tribus. En hebreo, la palabra Nasí esta escrita sin “yud”. Explica Rashí que por haber cometido una falta cuando dijeron: “Que el pueblo done primero, y lo que falte, nosotros lo completamos”, es decir, por no apresurarse a dar, falta una “yud (mano)” en su nombre.

El significado del “Trabajo del corazón” esta forzosamente unido a un acto o una ordenanza dictaminada por la Toráh. No podemos decir “Trabajaremos” a YHVH únicamente con el corazón, ya que esta es la principal falta, sino que el “secreto” de la calidad del acto es la intención con la que se hace. Otra falta en el trabajo del corazón podría ser el mero acto, realizado sin ninguna intención.

La persona puede muy fácilmente mentir en sus actividades externas; por eso el principal esfuerzo es el que se hace internamente, con los sentimientos y las cualidades de carácter.

Hay quien hace cambios en su vestimenta o en su comportamiento; hay quien modifica su forma de hablar y, sin embargo, dentro de él todavía se encuentra el verdadero “carretero (hombre natural)”. El principal cambio debe darse en el interior. Por eso “YHVH quiere el corazón”.

La persona mira los ojos y YHVH el interior. La persona puede pensar que ve el interior, pues tiene una inclinación hacia su propio punto de vista. La persona no es objetiva respecto a si misma, por lo cual es mejor que se juzgue a si misma como malvada.

Hay veces en que nos sentimos fracasados, que no logramos ningún éxito en la vida. Sin embargo, no debemos desesperarnos: YHVH anhela la voluntad y el deseo de la persona (Bitajon e Hishtadlut), y no precisamente el resultado de sus actos (Hashgajah). “La recompensa es proporcional al esfuerzo”. El pago que se nos otorga por nuestros actos esta calculado de acuerdo con el interior y no con el resultado.

YHVH quiere el corazón no los actos y el resultado de ellos. En los espejos que las mujeres donaron para la construcción del Mikdash había mucho corazón, había interioridad. A pesar de que externamente fueron despreciados, los aprecio YHVH mas que otras las demás ofrendas.

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