Itró (יתרוֹ), que significa «su excelencia» o «posteridad», también conocido como Reuel o Hobab.

Itró se ganó él mismo el mérito de que una sección (parasháh) de la Toráh fuere llamada a su nombre. En él, Itró le aconseja a Moshéh crear un sistema de cortes para poder descansar de la tarea de dirimir todos los pleitos que se suscitaban en el pueblo.

Itró fue suegro de Moshéh casado con su hija Tziporá y sabía de todo lo que ELOHÍM ha hecho. Itró sale de su tierra y viaja con la mujer y los hijos de Moshéh al campamento junto al monte de ELOHÍM. Moshéh sale a recibirlo y le invita a su tienda y le cuenta lo que ELOHÍM ha hecho por causa de Yisrael. Itró se alegra de saberlo y exalta a ELOHÍM reconociéndole como mayor que todos los dioses ya que Itró había sido un sacerdote idolatra  que se volvió no a Moshéh sino a ELOHÍM; hace sacrificios a ELOHÍM e invita a Aharón y a todos los ancianos a comer delante de ELOHÍM.

Cuando Moshé se sienta a juzgar a todo el pueblo durante todo un día, es cuando Itró ve que es demasiado trabajo y le aconseja a seguir siendo el mediador entre el pueblo y ELOHÍM, pero al mismo tiempo le aconseja delegar hombres capaces y temerosos de ELOHÍM para hacer la tarea de jueces y encargarse de algunos asuntos  del pueblo. Los hebreos estaban completamente dominados por Mitzrayím, y eran humillados, vejados y maltratados. Se encontraban en esas condiciones cuando: “Moshéh fue y regresó a Ieter; a su suegro Itró, y le dijo: «Por favor, iré y regresaré junto con mis hermanos que están en Mitzrayím, para ver si siguen con vida». E Itró le dijo a Moshéh: «Ve en Shalom» (Shemot 4:18). Desde ese momento ya no volvieron a verse.

Pues como es sabido Moshéh se separó de su suegro cuando el pueblo de Yisrael aun se encontraba esclavizado en Egipto. Itró no contempló las diez plagas infringidas por ELOHÍM a Egipto ni la salida victoriosa de Israel, como así el milagro de la partición del mar y el ahogamiento del enemigo; y tampoco había apreciado el extravagante triunfo de Yisrael contra Amalek. Sólo escuchaba rumores, comentarios de personas que hablaban de ello. Y lo más común es que la gente exagere o distorsione las noticias. Por eso nadie iba al desierto para plegarse a los Hijos de Israel, ya que no había certeza de que lo que se decía fuere verdad. Pero Itró impulsado por su deseo intrínseco de buscar la verdad y su fe, se dirigió al sitio sin importarle abandonar su honorable lugar que poseía dentro de la sociedad en Midián, y sus posesiones. Pues él era allí el sacerdote y las personas lo veneraban. Itró dejó todo lo que poseía y emprendió la marcha al medio del desierto. Como está escrito: “Oyó Itró, sacerdote de Midián, el suegro de Moshéh, todo lo que ELOHÍM hizo con Moshéh y con Yisrael, su pueblo: que ELOHÍM había sacado a Yisrael de Mitzrayím.

El mérito de este hombre llamado Itró es admirable, cambiaba un sacerdocio idólatra y todos los honores de su lugar de residencia, por la emunáh en ELOHÍM, y el camino que conduce a Él, su Toráh. Una persona digna y ejemplar. Por eso no es de extrañar que Moshéh escuchare los consejos de Itró y los llevare a la práctica. Como está escrito: “Moshéh salió a recibir a su suegro y se postró y lo besó, y cada uno preguntó por el bienestar del otro; luego entraron a la tienda”. Moshéh dijo que Itró era una buena persona, que lo recibió en su casa luego de saber que era un fugitivo condenado a muerte y que muchas otras personas lo hubieran expulsado, él confió en él y también dijo que le dio un hogar, un trabajo y luego le entregó la mano de su hija Tzipora.

Itró murió en shalom viendo al pueblo hebreo libre gracias a ADONAY.

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