¡LEVÁNTATE, TOMA TU LECHO Y VE A TU CASA! Matityah 9:1-8

Hay una historia de un boxeador que no era nadie, ninguna victoria, ningún reconocimiento, un perdedor. La suerte llegó a su vida y se le da la oportunidad de pelear con el campeón del mundo a causa de una campaña publicitaria a favor del campeón. Después de un intenso entrenamiento, llega la pelea y, como era de esperar, el campeón gana la pelea, pero el boxeador desconocido se gana algo mejor, el reconocimiento del público.

Puesto que el campeón quería todo el mérito, desafía nuevamente al boxeador desconocido. Este segundo entrenamiento por parte de boxeador desconocido, es más intenso en otro sentido. Su esposa está embarazada y cae gravemente enferma a punto de morir. Nuestro boxeador desconocido, quien la ama muchísimo, deja de entrenar, casi no come ni duerme por estar junto a ella; «ha abandonado su sueño de ganar». El día de la pelea ya casi llega y de milagro su esposa se recupera.

Ella abre lentamente los ojos y le dice con voz temblorosa: ¿Harías algo por mí? Él, débil y cansado por la preocupación de su esposa, le dice: » lo que quieras amor», ella hace que se acerque y le dice al oído ¡gana! Y de esa manera el boxeador desconocido a poco tiempo de la pelea pudo ganar. ¿Sabe lo que logró esa palabra de su esposa? más de que lo cualquier otro entrenamiento hubiera logrado. Es como si le hubieran dicho desde el cielo ¡¡Levántate!! De la misma manera hay una historia real y poderosa donde un paralítico es llevado por dos personas a lo pies de YESHÚA para ser sanado.

Lo más significativo, desde mi punto de vista, es cuando, después de una serie de discusiones con los fariseos, dirige su vista hacia el paralítico y sin siquiera poner sus manos sobre él le dice: «Levántate, toma tu lecho y anda» Hay veces en una persona que se siente como un paralítico emocional o espiritual, siente desanimo, pierde o abandona su propósito, no puede avanzar. Tiene que ser llevado o motivado por otras personas. Solo ve a su alrededor confusión (pretextos) Valora lo que otros hacen para animarlo pero no se mueve.

Si tú eres una persona en ese estado, acerca tu oído a la persona que más te ama en este mundo y escucha lo que te dice: ¡Levántate, toma tu lecho y ve a tu casa! Levantarse es hacer un acopio de fuerza interior, de carácter, y dejar de hacer lo que te daña, dejar de comer lo que te enferma, dejar de pensar lo que te bloquea, dejar de culpar a personas o circunstancias; significa hacer lo que si tienes que hacer como estudiar, orar, aprender, esforzarte y tomar tu lecho (tu comodidad y flojera) e ir a tu casa.

Casa en hebreo es Bait, y también hace referencia a ti, a tus sueños, a tu potencial, al propósito que El Eterno puso en ti cuando creíste. El te creó y por eso sabe lo que puedes lograr. ¡Levántate, toma tu lecho y ve a tu casa

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