¿Por qué dar en la Toráh las leyes sobre esclavitud?.

Las leyes de la Toráh concerniente a los esclavos son para la protección y el bienestar de las personas esclavizadas. Los israelitas acababan de salir de la esclavitud que habían experimentado.. Es natural que ELOHÍM se ocuparía de esa institución y estableciera las reglas para evitar la perpetuación del maltrato de los esclavos. ELOHÍM no quería que los hijos de Israel trataran a sus sirvientes de la forma en que ellos habían sido tratados.

Esto puede ser comparado a un hogar abusivo en el que un hijo es golpeado por su padre. Cuando el niño crece le pega a sus propios hijos, porque esa es la manera de ser padre, que aprendió de su padre. Las leyes de la Toráh sobre la esclavitud están destinadas a romper ese patrón de mal tratos a otros seres humanos.

Sin embargo, en la mayoría de las sociedades, los esclavos no tenían derechos. La Toráh cambia eso. De acuerdo con las leyes en esta porción de la Toráh, los esclavos debían ser tratados como siervos por contrato en lugar de ser tratados como una propiedad. Después de seis años de servicio, debían tener la opción de irse libremente.

En la Toráh, los secuestradores se enfrentan a la pena de muerte (Shemot 21:20). Si un hombre hiere gravemente a su esclavo, el esclavo debe ser liberado de inmediato (Shemot 21: 26-27). Si un esclavo es asesinado por su propietario, el hombre se enfrenta a la pena de muerte (Shemot 21:16).

Sin embargo, se podría decir que desde que la esclavitud ha sido abolida, las leyes de la Toráh de la esclavitud son irrelevantes para el mundo moderno, aunque la esclavitud sigue existiendo en otras formas. Recordamos que los esclavos de antaño eran más o menos equivalente al concepto de los empleados en la economía actual, podemos aprender varias cosas sobre el corazón de ELOHÍM por la forma en que tratamos a nuestros empleados. La Toráh quiere que hagamos un trato justo, digno y merecedor de compensación para con los demás. Si había que tratar bien a un esclavo, cuanto mas al prójimo.

Luego de la revelación en el Monte Sinaí, ELOHÍM dicta una serie de leyes al Pueblo de Yisrael. Estas incluyen las leyes de sirvientes; las penas por asesinato, secuestro, asalto y robo; penas civiles por daños, las leyes sobre prestamos, las responsabilidades de los «Cuatro guardianes»; y las reglas que gobiernan la conducta de la justicia en las cortes.

También son dadas leyes advirtiendo contra el maltrato a extranjeros; la observancia de las festividades en las diferentes estaciones y las leyes de las ofrendas de la agricultura que debían ser llevadas al Mikdash en Yerushalayím; la prohibición de cocinar carne con leche. En total, la sección Mishpatím contiene 53 preceptos – 23 positivos (que implican hacer algo) y 30 negativos (que implican prohibiciones).

ELOHÍM promete traer al Pueblo de Yisrael a la Tierra prometida y los advierte para que no tomen los caminos paganos de los habitantes actuales de la misma.

El Pueblo proclama: «Haremos y escucharemos» todo lo que ELOHÍM nos manda. Dejando a Aharón y Jur a cargo del campamento Israelita, Moshéh asciende al Monte Sinaí y permanece allí por cuarenta días y cuarenta noches para recibir la Toráh de ELOHÍM.

La parashá Mishpatím habla de un tema que aparentemente está totalmente desconectado de la temática de la parashá anterior, ya que en la parashá Mishpatím encontramos todo tipo de leyes civiles que vienen a relacionar a los hombres entre sí para que puedan cohabitar armoniosamente en un mismo lugar.

Estas leyes, en su mayoría pueden considerarse seculares, y nada tienen que ver con aquella imponente revelación de la parasha Itró que elevó a los hijos de Yisrael, hasta un nivel que está más allá del tiempo y del espacio. ¿A qué se debe este cambio tan brusco en la sucesión temática de la Toráh?.

Encontramos que el midrash Mejiltá (citado por Rashí en su comentario al comienzo de la parashá) nos intenta mostrar que alguna relación existe entre las leyes sociales-seculares que encontramos en nuestra parashá, y la revelación de la Toráh con todo lo que ello implicó.

Al comienzo de nuestra parashá dice el versículo: «Y estas son las leyes que explicarás delante de ellos» (Shemot 21:1). El midrash encontró fuera de lo común que nuestra parashá comience con las palabras: «Y estas son las leyes…», ya que sería más lógico pensar que el texto debería decir: «Estas son las leyes…», sin la conjunción copulativa «Y», ya que supuestamente la parashá Itró y la parashá Mishpatím no están relacionadas entre sí.

Pero el midrash entendió que la letra: «Y» de «Y éstas son las leyes…», nos obliga a entender que nuestra parashá está relacionada y conectada de alguna manera con la anterior y es, de hecho, una continuación de la misma:

«Rabí Ishmael dice: …así como las leyes de la parashá anterior fueron entregadas en el monte Sinai, así también las de nuestra parashá, ellas también fueron reveladas en el monte Sinai…».

En realidad la intención del midrash es principalmente definir la categoría y la condición que tienen realmente todas estas leyes sociales, que en su mayoría no tienen una relación clara con lo religioso o lo espiritual.

Dice, que ELOHÍM en su Toráh quiso aclarar la verdadera esencia de estas leyes, pues hay personas que podrían llegar a equivocarse en el entendimiento de ellas pensando que son de menor importancia que los Diez Mandamientos recibidos en el monte Sinai. La raíz de su error podría ser, el hecho de que todos sabemos que mediante este tipo de leyes sociales se construye un sistema social lógico y equitativo, ordenado y organizado, y esto ya existía de alguna u otra forma en muchos pueblos, inclusive en aquellas épocas.

Por su propia naturaleza el hombre es limitado e imperfecto, y por más que se esfuerce nunca dejará de serlo. Su justicia, por consiguiente, nunca podrá ser perfecta y siempre estará sujeta a cambios que legítimamente deberán tener lugar, al cambiar situaciones o ideas. Pero la Justicia de ELOHÍM, inclusive en temas no religiosos no puede admitir reformas, pues hacerlo sería tácitamente conferirle al Creador del mundo y de la ley, la propiedad de ser transformable y adaptable.

ELOHÍM no está sujeto a cambios, pues Él está por encima del tiempo y del espacio, Él es ETERNO. ELOHÍM nos creó a Su imagen y semejanza, y sin lugar a dudas, como vemos en muchos pasajes de la Escritura, Él tiene un conocimiento sobre el hombre, que ni el hombre mismo tiene de sí mismo. Y es por eso que también desde un punto de vista lógico es impensable reformar la Voluntad de ELOHÍM entregada y transmitida mediante reglas generales y principios básicos que deben ser los rectores de nuestro comportamiento en toda ocasión.

Sólo observando y guardando las instrucciones dadas por ELOHÍM en su Toráh, conseguiremos acercarnos verdaderamente a un entendimiento profundo de su palabra, para mejorar nosotros y toda la humanidad en el camino de la verdad y la justicia.

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