“Y los vomitará la tierra si la impurifican, de la misma manera que expulsó a los pueblos que están ante ustedes” (Vayikrá 18: 28).

¿Alguna vez nos preguntamos que fue lo que mantuvo al pueblo Hebreo sin asimilarse entre los egipcios o el resto de las naciones? Seguramente si, pero quizás desconocemos la respuesta correcta. La realidad es que no cambiaron ni sus ropas, ni sus nombres, ni su lengua. En esta Parasháh recibimos una orden explícita: “Como la obra de la Tierra de Egipto donde residieron no harán y en sus leyes no se encaminarán”.

“En su idiosincrasia no se encaminarán”

Así como cuando una mujer se impurifica (nida), debe contar siete días limpios para purificarse, nosotros debemos contar siete semanas (La Cuenta del Omer). ¿Por qué? En La Cuenta del Omer se menciona claramente וספרתם לכם (Ustartem lajem) “Y contarán ustedes individualmente”. ¿Qué hay que controlar? No volver a tener algún resto de Tumbá (impureza), internamente.

“Ser hijo del ALTÍSIMO implica ser diferente”.

Esta Parasháh nos relata que después de la muerte de los hijos de Aharón, Nadav y Avihu, ELOHÍM manda que sólo el Kohén Gadol puede entrar una vez al año, en Yom HaKipurím al cuarto más interno del Mishkán para ofrendar el ketoret (insienso). El Kohén Gadol presenta los Korbanot que son exclusivos de Yom HaKipurím, incluyendo dos carneros idénticos que se designan al azar. Uno es «para ADONAY», y se ofrece en el Mikdash, y el otro es «para Azazel», en el desierto.

La Parasháh Ajaréi Mot también nos dice de la prohibición del consumo de sangre, y detalla las leyes de relaciones prohibidas, prohibiendo el incesto y cualquier otra relación sexual inapropiada.

En Egipto fuimos victimas de la influencia del medio que nos rodeaba. Aunque estamos dispersos en el mundo y todo lo que tenemos a nuestro alrededor nos repercute, ya hemos recibido la Toráh, ya sabemos de que manera comportarnos. La Toráh fue dada para que la persona viva, pero lo que tenemos que cuestionarnos es ¿En que consiste la vida? Principalmente en no imitar a los pueblos vacíos, ni en su manera de vestir ni en su forma de hablar. Saber que realmente vivir es poder disfrutar y para ello necesitamos la Toráh. Las apariencias engañan; no creamos que aquella persona vacía de todo contenido espiritual está feliz.

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