“Y tomo Kóraj Ben Itzjar Ben Leví…” (Bamidbar 16: 1). 

“Kóraj induce a varios del pueblo a un motín desafiando el liderazgo de Moshéh”.
Toda discusión que se hace con una intención pura al final prevalece, y toda discusión que se hace sin una intención pura, al final no prevalece. ¿Y cual es una discusión que no se hizo con una intención pura? La que había entre Kóraj y toda su congregación.
Cuando se discute con una intención pura, es una discusión entre dos, y cuando la polémica no es con una intención pura, cada uno de los participantes habla consigo mismo y su oponente no lo escucha en absoluto.
Moshéh estaba consiente de que no debía contestar a Kóraj, ya que si le hubiera contestado y explicado que Aharón era el elegido por ELOHÍM para ser Kohén Gadol. Kóraj no hubiera escuchado nada de lo que decía, pues tenía intereses personales.
Con esta actitud Moshéh nos enseña que si una discusión no llega a nada productivo, lo mejor es refrenarse y no entrar en ella; si así hace, la persona se vera arrastrada por el torbellino de la discusión.
La raíz de la polémica es que la persona no se refrena y dice todo lo que le viene a la mente. Toda discusión comienza entre dos; una persona sola no pelea consigo misma. Por eso debemos saber que si la persona se deja llevar y entra en polémica, lo único que esta haciendo es arrojar leña al fuego, y si por el contrario, se contiene y guarda silencio, la discusión terminará por si misma.

“No seas como Kóraj” (Bamidbar 17: 5).

El odio, los celos y la lucha interna, por desgracia, no son cosas nuevas para el pueblo de ELOHÍM.
¿Quién es el verdadero valiente? El que conquista a su instinto del mal. Es decir, la valentía interna, la fuerza espiritual que hace que la persona se retenga y no haga lo que el instinto del mal le aconseja hacer. La grandeza de contenerse es una cualidad necesaria en todos los aspectos de la vida, no solamente en cuanto abstenerse de entrar en las polémicas. Si la persona aprende a retener sus instintos naturales, seguramente se fortalecerá y alcanzará niveles espirituales muy altos.
La persona que habla lashón hará no obtiene ningún beneficio al hacerlo; entonces, ¿por qué lo hace? La respuesta es que no puede contenerse; quiere decir todo lo que se le antoja. Por tanto, el arte de hablar consiste en aprender a dominarse y no reaccionar impulsivamente.
En situaciones de enojo, de discusión, cuando comemos y cuando hablamos, debemos refrenarnos, hacer una pausa antes de actuar; de lograrlo seremos los valientes que saben gobernar sobre sus instintos.

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